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Tuesday, June 25, 2013

"NO FUE FACIL LA ERA"

En estos días y refiriéndose a esta foto, un joven  afecto al régimen de los 31 años hizo la observación de que en aquellos tiempos hasta los obreros andaban bien vestidos.  No se veían desarrapados en la brillante ciudad donde mandaban sus antepasados.  Naturalmente que tuve que muy dominicana- mente pararle el coche.  En la Calle del Conde no se veían desarrapados, es verdad, porque cuando tenían la temeridad de acercarse a sus alrededores, los guardias los recogían y los mandaban sabe Dios dónde.  Si el jovenzuelo imberbe empeñado en loar lo que no conoce y no vivió hubiera subido a la José Trujillo Valdez, se hubiera adentrado en Gualey o en Guachupita, o hubiera cruzado el río y visitado Villa Duarte y zonas aledañas hubiera visto pobreza, prostitución, sucio, desidia y harapos.  En el centro de la ciudad, y sobre todo en El Conde, ningún hombre se atrevía a caminar con el saco doblado sobre el brazo.  ¿Saben por qué?  Porque podía estar escondiendo un arma.  En el centro de la ciudad estaba prohibido correr por las calzadas.  ¿Saben por qué?  Porque un grupo de jóvenes corriendo bien podían empezar una manifestación que hubiera podido escalar a un acto contra el gobierno.  Eso mismo les sucedió a un grupo de jóvenes evangélicos puertorriqueños que en los años 50 vinieron de visita al país invitados por la Iglesia Evangélica Dominicanana.  Iban retrasados y empezaron a correr por pleno Conde.  La policía los detuvo por desorden público y el Sr. Postigo de la Librería Amengual tuvo que hablar bonito para que los soltaran.  Entonces... ¿Quién temía a quién?  Aquellos en la cumbre miraban temerosos a sus lacayos y por eso mantenían su  férrea represión.  Bien sabían que tarde o temprano el puño no les iba a alcanzar.  Sí, mi joven y equivocado amiguito, la única verdad que ha salido de tus labios con respecto al régimen ha sido ésa...  "No fue fácil La Era".  

Monday, July 20, 2009

COMO ME LO CONTARON TE LO CUENTO

Verdad o no, la historia es que un joven sentado en el Parque Colón leía El Caribe una fresca mañana caribeña. Corría el año 1958, el mundo cambiaba, se sentían corrientes políticas aciclonadas, había agitación por toda latinoamérica, barbudos en la Sierra Maestra. Y en nuestra soñolienta capital todo seguía tan superficialmente tranquilo como siempre. El joven, en su furor juvenil, exclamó, "¡Oyeme, pero este periódico no trae noticias de ná!" Para su eterno sentir sus palabras llegaron a los oídos de un guardia que hacía yuca por los frentes del cine Capitolio. Se apersonó el defensor de La Era y con un macanazo por los fundillos al aturdido jovenzuelo, lo levantó en vilo. "¿Cómo que no trae noticias de ná? Párese ahí y empiece a leer, carajo. Y Viva El Jefe!" El joven pasó el resto del día de pie ante la estatua de Colón leyendo pausadamente desde el encabezado hasta el último anuncio de "Se traspasa negocio por no poderlo atender su dueño" habiendo antes pasado por Avivato y Trucutú. ¡Oh, qué realmente gloriosa era La Era!

Thursday, July 2, 2009

LA CALLE DEL CONDE - PARTE I

"La Ciudad Más Limpia de América. Así se anunciaba la capital en aquellos años de La Era. Y lo era. Limpia. Tranquila. Fresca. No había necesidad de aire acondicionado. Teníamos pijamas de lanilla - las mías con bailarinas rosadas y flores azules, las de mis primos con indios y vaqueros. Aunque no lo crean, las camas tenían "frisas" en el invierno. Las doñas usaban estolas tejidas o de pieles. Mami tenía una de zorro plateado. Las niñas usábamos swetercitos de orlón con botoncitos de perlas comprados en La Opera, pero esa es otra historia. Nadie cerraba la puerta de la calle. Muchos hasta habían perdido la llave. Y cortando la ciudad de este a oeste, de norte a sur, de esperanza a frustración, ahí estaba la Calle del Conde. Donde las chicas iban a pasear para que las admiraran los jóvenes sentados en los cafés o parados en las esquinas. Los piropos, las sonrisas. Mis tías y sus amigas, estudiantes universitarias, con sus faldas de mil varas y sus crinolinas almidonadas que susurraban suave y seductoramente con cada paso que daban.
Cuidado con correr. El guardia te está mirando. Cuidado con hablar alto. El guardia te está mirando. Joven, por favor, póngase el saco, no lo lleve doblado sobre el brazo, el guardia lo está mirando y puede pensar que está usted escondiendo un arma. No diga que yo se lo dije, pero aquí los jóvenes desaparecen.

A las cinco de la tarde, toque de corneta desde el Baluarte. Los transeúntes se detienen, los señores se quitan el sombrero, las damas ponen la mano en el pecho. El tráfico de dos vías para. Se arría la bandera. Toque de corneta. Proseguimos nuestra caminata. Cada día igual. A la glorieta del Parque Independencia a jugar "una candelita/a la otra esquinita". Del Parque Independencia al Parque Colón. Un ice-cream soda en la barra de La Opera. Cada tarde, cada anochecer, igual. Sonrisas y murmullos de juventud. Yo niña, viendo las vitrinas, queriéndolo todo. Los grandes entrando al cine. La Ciudad Más Limpia de América anestesiada en su letargo extenso del que saldría algún día para convertirse en lo que es hoy. ¿Y qué es hoy? Lo que quieras, pero definitivamente limpia o tranquila, no.


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INVITACION AL RECUERDO

Los dominicanos que nacimos entre 1930 y 1961 nacimos en La Era. Los que nacimos en La Era aprendimos desde la cuna a hablar poco y callar todo. Los que nacimos en La Era sabíamos por ósmosis que vivíamos en el terror. Lo sabíamos aunque nadie nos lo explicara. Los que nacimos en La Era recordamos tiempos tan apacibles que tenían que ser un mito. Y así era. Debajo de esa engañosa tranquilidad había un tumulto de horrores y temor que lo empañaba todo. Y aún así vivimos una niñez dorada... ESTE ES EL SITIO PARA RECORDAR...

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