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Thursday, August 6, 2015

SUEÑOS Y REALIDADES

Una talentosa joven, miembro de una familia de apellido que se remonta a uno de esos treinta caballeros que crearon su ciudad natal.  Bonita e inteligente, llena de sueños e ilusiones.  ¿Su mayor anhelo?  Ser modista de alta costura, estudiar diseño y confección en París.  ¿Su plan?  Muy sencillo, conseguir un puesto en una boutique de alta costura en Park Avenue, ahorrar sus dólares y luego marchar a Europa.  En el 1943 ese sueño se enfrentaba a una guerra mundial por un lado y una dictadura por el otro.  También había una guerra interna contra las muchachas bonitas.  La que llamara mucho la atención podía ser 'privilegiada' con la tarea de entregar su virginidad al jefe de todos los dominicanos.  Pues claro que apareció el lambesacos que quiso entregársela al señor aquel.  Enterada su madre, la despachó súbitamente al sitio más lejano que pudo encontrar dentro del territorio dominicano hasta que las aguas volvieran a su nivel.  Mientras tanto, los anhelos de la joven se vieron frustrados una y otra vez ya que no hubo manera de que pudiera conseguir un pasaporte.  La familia estaba en desgracia.  Fue una época de hambre y miseria para muchos.  Trató por todos los medios y lo único que consiguió fue dilapidar sus ahorros.  Todas las puertas se le cerraron.  Afortunadamente tenía recursos intelectuales para graduarse en la Escuela Normal y titularse como maestra.  Fue una maestra excepcional que enseñó a leer a generaciones de niños de las familias más distinguidas. La beneficiada de la frustración de su parte artística fue su hija, porque desde que nació volcó su creatividad en su vestuario.  Esa bella joven, con sus ambiciones frustradas por un régimen medieval donde sólo los que se doblegaban y gritaban vítores recibían recompensa; esa maestra que canalizó su impotencia y la convirtió en la zapata del conocimiento para tantos  niños que hoy son hombres de bien y la recuerdan con emoción y cariño, esa modista entrañable, es mi mamá. 

 




Saturday, September 28, 2013

EL ENLACE

"Radio Punta Arenas", "Desde La Habana, Cuba, esta es la CMQ", "Ici Radio France International", "This is the BBC", "The Voice of America".

En la quietud de la noche tropical y a bajo volumen, se oían las voces y los acentos de otros países.  Se escuchaban noticias que al día siguiente se pasaban en voz baja en un juego macabro de "telégrafo".  

Muchas veces, en el mejor momento estallaba la estática ya fuera por razones atmosféricas o por el 'jamming' de los agentes de la represión.    A veces por semanas era imposible sintonizar alguna estación venezolana o argentina que de repente volvía a deleitarnos con su música, pero sobre todo con su información.  

Esos radios, precursores por muchos años de la red cibernética que hoy nos abruma, eran nuestra vía de escape al igual que nuestra línea de contacto más directo con el resto del mundo.   En un país donde conseguir un pasaporte sin ser participante en el régimen era una imposibilidad, el radio era la ventana abierta, el cerrojo levantado que nos invitaba a soñar con otras tierras, otros afanes y con aquella idea misteriosa, sublime, esotérica, llamada "Libertad".    

Sabíamos de memoria las siglas de cada estación y en qué momento sintonizarlas.  Sabíamos que había un ancho mundo detrás de esos tubos de vidrio y esos botones de bakelita.  Lo que no sabíamos y tal vez ni nos atrevíamos a preguntarlo, era si los habitantes de aquellos mundos lejanos sabían que existíamos.  

Wednesday, June 19, 2013

AL FIN!

No es mi historia, por lo tanto nunca me atreví a hacer mención de ella.  Sólo recuerdo los comentarios en voz baja de mi madre y sus hermanas sobre la tragedia acontecida.  Sobre los celos, el amor no correspondido, las muertes inexplicadas.  Algo que más bien parecía de folletín, de película mexicana, lo que en estos tiempos sería telenovela de trama inverosímil.  Pero los rumores siempre llevan algo de verdad y la verdad en este caso era horripilante.  Dos jóvenes enamorados, llenos de vida y una amiga cercana, petulante, altanera, envidiosa y sobre todo, poderosa.  La verdad estará en las palabras de la hija que nunca conoció a sus padres.  Ahí lo dejo, porque como dije al principio, no es mi historia.  

Tuesday, April 30, 2013

SINCRETISMO

Pues yo diría que por qué no.  Si los conquistadores siempre construyen sus templos sobre los templos de los conquistados.  Si los hombres probos desaparecen del escenario ya sea por fuerza o por temor.  Si esperamos y deseamos que un jefe máximo -un dios- nos resuelva todos los problemas.

Entonces no queda más remedio que prenderle una vela al mismo demonio y contar con los resultados.  El Jefe nos regalará una casa,  nos mandará a la escuela, nos dará empleo y cuando tengamos hijos seremos compadres porque El Jefe será el padrino.  Prendemos la vela.  Cerramos los ojos.  Nos arrodillamos y le rogamos al Jefe que nos cuide y nos proteja.  Después le rogamos a San Rafael que proteja al Jefe.  Con El Jefe lo tenemos todo y no le tememos a nada.  Por eso lo veneramos. 

Fuimos un pueblo conquistado, humillado, vejado, violado, donde 'ellos', los de La Era, construyeron su gran vida sobre los cimientos de nuestras costillas.  
Un pueblo que cerraba los ojos y se tapaba los oídos tratando sin éxito de ni ver la blasfemia, ni oir el grito de "Viva el Jefe" del que no podíamos escapar.  


Sunday, April 21, 2013

LADRONES DE RELOJES

Foto: Conrado - Archivo General de la Nación

Se robaban los relojes.  ¿Quiénes?  Ya los vemos.  ¿Dónde?  Por ahí.  No importa.  ¿Cuándo?  En los tiempos de La Era.  ¿Cómo?  Sin duda los guardias les sacaron la información sin mucha dificultad.  ¿Por qué?  Al mirar sus rostros la respuesta es  clara.   Hambre.  Necesidad.  Falta de educación. Pero no.  No es posible. En La Era no existía hambre, ni necesidad, ni ignorancia.  Oh no.  No había ladrones.  Se dormía con las ventanas abiertas y las puertas sin cerrojos.  El Jefe llenaba todas la barrigas.  El Jefe daba educación a todos.  Sus mejores amigos eran los hombres de trabajo.  

Pero tengo preguntas aún más urgentes.  ¿Vivieron para contarlo?  ¿Sobrevivirían la paliza que indudablemente les esperaba?  Los correazos y las patadas hasta orinarse.  Los labios partidos, los ojos hinchados.  ¿Están vivos aún?  ¿Se convertiría alguno de ellos en cómplice de la dictadura?  ¿Lo vi alguna vez pasar por mi casa, con su sombrerito y sus gafas oscuras, manejando un Volkswagen?  ¿Me sonrió despectivamente tratando de amedrentarme?  

Prefiero imaginar que sus destinos fueron más apacibles, aunque lo dudo.  Prefiero pensar que robaban relojes porque deseaban parar el tiempo.  Querían detener el tic-tac malévolo que nos arrastraba en aquella  noche constante que se embozaba en una capa de cielo azul y sol brillante.  O quizás querían acelerar las horas hasta que el caos nos destruyera de una vez por todas. 

Sí.  Esa es la explicación.  Esos ladrones de relojes sólo deseaban cambiar los tiempos.  


Monday, December 10, 2012

NAVIDAD NEGRA

Diciembre de 1960.  ¿Lo recuerdas?  ¿Recuerdas lo que sucedió en noviembre de ese año?  ¿Cómo celebrar la navidad mientras tantos sufrían?  Ese fue el año del arbolito sin luces.  Y el año en que de alguna manera los Reyes Magos se olvidaron de mí.  La distracción de mi madre no es sorpresa ahora, aunque dolió en su momento.  Y gracias a los tíos y los abuelos pude desenvolver y agradecer regalos el 6 de enero. 

La voz de mi abuela levantando la copa de sidra, porque para Champán no había, y brindando truculentamente, "Los judíos dicen, 'El próximo año en Jerusalén', yo digo, ¡El próximo año sin este hombre!"



Qué bien recuerdo las miradas y los murmullos de  sus ocho hijos, con sus cónyuges y  sus niños, sentados alrededor de la gran mesa de madera rústica del comedor de atrás.  ¡Mamá! murmuraron al unísono.

Pues claro, porque en aquellos tiempos las paredes escuchaban y reportaban.  Realmente no recuerdo si hubo fiestas, si hubo bailes, o muchas luces en El Conde.  El Santicló de La Margarita posiblemente rió a carcajadas, pero no lo ví.  Lo que sí recuerdo es que había una pesadumbre, una niebla gris de pena y de humillación que azotaba a pesar de la dulce brisa navideña.  ¿Las Arandelas?  ¿El Martiniqueño?  ¿El perico ripiao?  No los recuerdo.  Lo que sí recuerdo es que un mes antes, unos carniceros habían martirizado a tres hermanas indefensas y su chofer y el pueblo tenía luto.  De vez en cuando se oía alguna que otra bomba.  Fútil resistencia ante un régimen encarnecido.  Las calles se veían vacías.  Era peligroso salir por la noches; los agentes del SIM tenían amplia potestad para detener a cualquiera y desaparecerlo.  Una sociedad aterrorizada, al desnudo, sin fuerzas ni armas para sublevarse.  

Recuerdo el arbolito en mi casa, puesto a duras penas porque mi hermanito acababa de cumplir dos años y debía tener su recuerdo de Navidad.  Pero Mamy no prendió las luces.  Otra tímida  demonstración de resistencia pacífica.  Y los regalos fueron pocos.  Y todo se envolvió en aquella miasma desesperante.  Nadie podía imaginarse en ese momento lleno de fatalidad, durante aquella Navidad vacía y siniestra, que exactamente doce meses después estuviéramos cantando un nuevo merengue que nada tenía que ver con las insensibles alabanzas anteriores: "Navidad con Libertad".

Saturday, October 6, 2012

"Estos Eran Los Palacios"

Me han pedido que sea menos melancólica en lo que escribo.  Que recuerde los lugares y momentos felices de mi niñez.  Que hable de los cines, las tiendas, las fiestas de aquellos años.  Aunque lo intento frecuen- temente y aunque soy una persona alegre y chistosa en la cotidianeidad, no parece ser mi estilo al describir esos primeros trece años de mi existencia.

"Había una vez una niña feliz que vivía en una ciudad besada por el sol y acariciada por el mar".  Muy feliz.  En las tardes invernales las golondrinas revoloteaban alrededor del balcón de los abuelos; sí como en las rimas de Gustavo Adolfo.  

En las mañanas estivales, durante las vacaciones y antes de que me embalaran para los cafetales de Villa Trina, los paseos en coche con las primas de Santiago, los días "de sal y de sol" del Puerto Plata de Juan Lockward, o el campamento de verano de Herrera, mis primos y yo nos íbamos a dar caminatas con el abuelo quien, al llegar a "La bolita de la Feria", desde la Santomé, que conste, vestido de saco y corbata y con el Borsalino que nunca dejó de usar, nos compraba a cada uno un guineo.  Y volvíamos de vuelta a la Santomé, sudorosos, sedientos, "quemados como camarones" decía la abuela.  A bañarnos, a comer y luego la siesta mientras se escuchaba música clásica en el radio gracias a la Farmacia Mella.  Por las noches  de vez en cuando entraba algún murciélago por los tragaluces, se armaba la corredera, los chillidos,  hasta que uno de los tíos, que me lucian más valientes y buenos mozos que los héroes medievales de Sir Walter Scott, lo atrapaba y, para nuestro encanto, lo hacía fumar para después soltarlo y verlo alejarse volando hasta el gran árbol de mamones detrás de la casa. 

 Había tardes especiales cuando la abuela Carmelita y yo, solamente yo, la preferida, la especial, yo, la que no se cansaba de escuchar sus añoranzas --"Yo vivía en San Juan, en la Calle Fortaleza esquina Calle del Cristo y mi patio era el mar".  Yo, la que anhelaba su compañía, la elegida, sentada en las ruinas del Alcázar, en las piedras de San Miguel, bajo los arcos del Convento, escuchando las historias de su familia o los escritos de Alan Kardec.  De sus lecturas recordadas de la Revolución Francesa se pasaba fácilmente al hundimiento del Titanic, a la muerte accidental de Isadora Duncan, a una historia bíblica o a un párrafo de Vargas Vila-- "El águila no sabe lo que el pantano siente".   Con su voz apacible que nunca abandonó totalmente el dejo de su patria de origen, hablaba de la Conquista, de los virreyes, del oro y la plata, de la abundancia y de la codicia, de las alegrías del amor y de las desventuras de la vida.  Tema sobre tema, historia y cuento, leyenda y mito.  Su filosofía personal que se fue convirtiendo en la mía.

Otras tardes, cuando las cosas no iban bien, cuando se notaba la pesadez de alguna dificultad, de alguna obstrucción al bienestar de su familia, agarrada de manos conmigo hasta Güibia, donde, con aplomo lanzaba una botella al mar.  En ella iba una carta, un ruego, o tal vez una lista de las circunstacias que la abrumaban.  Nunca pregunté.  No lo hicimos muchas veces pero sí lo suficiente para que yo, a temprana edad, entendiera que era importante hacerlo con fé y que la solución vendría.  Bendita abuela que me enseñó que hasta las flores secas tienen su encanto.  

Era linda y limpia mi ciudad, tranquila y hasta podría decir serena, pero eso ya lo he dicho yo y lo dicen todos los que la conocieron y hasta muchos que todavía no habían nacido porque esa imagen se ha convertido en parte de nuestra memoria colectiva.  Los maniseros con sus latas y sus brasas chisporroteantes; un puñadito de maní caliente servido en un cucurucho de papel que año a año se hacía más pequeño.  El amolador de tijeras y cuchillos soplando notas con su flauta de Pan y empujando la gran piedra redonda y chata.  El atesador de bastidores que tenía que venir a menudo porque los chiquillos brincábamos en las camas como trampolines.  "¡A---tesador!".  El hombre de los paquitos y revistas, cambiando dos usados por uno nuevo mas dos cheles.  El paletero cantando, "¡Chicle Pollito, menta, Hollywood, Crema!".  Los Chicles Pollito eran más caros pero traían premios que yo atesoraba. La marchanta de flores con sus azucenas olorosas a Primera Comunión, una gran lata llena de agua y flores balanceada en la cabeza.  Me maravilla pensar lo pesada que es el agua y cómo esas doñas caminaban toda la ciudad, desde las cuestas hasta el mar, en el calor tropical, para ganarse el sustento.    Los vendedores de dulces, besitos de coco, alegrías, bolitas, coconetes, suspiros, canquiñas amelcochadas o azucaradas.  El señor que traía la miel de abeja en el panal, las velas hechas a mano y las botellas de cera para dar brillo a los muebles.  Una que otra  vez, comiendo del panal, masticaba una abeja ahogada en su dulzura. ¡Horror!  El carbonero con su carro polvoriento y su jamelgo al que se le podían contar las costillas.   Teníamos estufa eléctrica y luego de gas, pero siempre se usó anafe, sobre todo para el sancocho.  Modernidad y tradición viviendo bajo el mismo techo.

¿Ya?  ¿Es suficiente?  ¿Habré cumplido con la petición?  No quiero aburrir.  Pero fíjate que se me olvidó hablar de tiendas o de restaurantes o de fiestas.  

Wednesday, May 30, 2012

EL PODER DE LA ORACION

Mayo del 1961 fue algo diferente y especial.  No  fue el mayo esperado por todas las chicas para lavar sus caras con "la primera agua de mayo" y nunca tener arrugas.  No fue el mayo de la rima juvenil "Primero de mayo/postrero de abril/hazme soñar con el hombre/de mi porvenir."  

Fue un mayo preñado de hostilidad, rumores, tensión, miradas furtivas, situaciones inexplicables.  Fue sobre todo el mayo de la oración.  Los rosarios de la aurora se multiplicaron.  Las filas de los rezadores fueron más largas que nunca.  La procesión diaria de nuestra parroquia de San Antonio subía lentamente por la José Joaquín Pérez desde la Independencia, doblaba en la Bolívar y bajaba de vuelta a la iglesia por la Hermanos Deligne.  "Pequé, pequé Dios mío/piedad Señor, piedad/si grandes son mis culpas/mayor es tu bondad."  Resistencia pacífica.

Un rosario con velas en el patio del Colegio De la Salle se convirtió en una manifestación nocturna sin precedentes.  El recinto iluminado por los cirios era un mar de luces, un océano viviente enroscándose lentamente en una marejada de oración encrispada en protesta.  Se había dicho que sólo irían mujeres, esto para proteger a tantos esposos que tenían empleos gubernamentales y podrían perderlos si se descubría su presencia en un acto de esta índole.   Pero los hombres llegaron.  

Llegaron los padres desolados que habían perdido hijos durante la invasión del 1959 o la represión desatada de ahí en adelante; llegaron los hombres que sentían el deber de escoltar y defender a sus esposas y a sus hijas en caso de disturbio por parte de las autoridades.  Llegaron los jóvenes estudiantes que soslayaban un futuro incierto si las cosas continuaban como iban.

También llegaron los agentes del SIM en sus carricoches VW, se estacionaron por todo el rededor y nos miraban con caras de "ya sé quién eres y ya sabes lo que te espera".  Mamy, muy seria, diciéndome que no me alejara de ella y no los mirara.  Recuerdo que Papy nos dejó en la puerta del colegio y fue a buscar parqueo y no volvimos a verlo hasta que llegamos de vuelta a casa, era tanta la gente que fue más fácil caminar por la Bolívar que tratar de esperarlo.  

Aurora tras aurora, noche tras noche, oración y petición.

Y ese día 31, el último del mes de mayo, hubo respuesta.


Wednesday, March 14, 2012

MAYO y JUNIO - 1961

Esos rostros... la sorpresa... Mis padres iban a misa de 11:00 en Nuestra Señora de la Paz en el malecón, con la brisa del mar mejor que cualquier aire acondicionado. Yo iba a misa mucho más temprano en nuestra parroquia de San Antonio para después ir a la 'Tanda Vermouth' del cine Elite. Algunos domingos cuando la película no me interesaba o porque luego íbamos a pasear o a visitar a los abuelos más temprano que de costumbre, iba con mis padres a la misa de 11:00. El señor de gesto amable y traje inmaculado que siempre se sentaba en el banco delante del nuestro era amigo de infancia de mis padres y nos daba la paz con un gran cariño reciprocado. Para mí era solamente "Don Salvador" sin apellido hasta ese día cuando su retrato apareció en los periódicos. Lo había visto en misa el domingo anterior. Se había arrodillado como de costumbre. Nos había saludado como de costumbre. ¿Tal vez un poco más serio? ¿Habría alguien podido notar algo diferente ese domingo? El plan ya estaba forjado y para un hombre religioso, el hecho de quitarle la vida a otro debe haber pesado en su alma de manera aplastante. El domingo siguiente su banco estaba vacío. Luego vinieron la prisión, la tortura y la muerte a manos de un mequetrefe alcoholizado. No todos los héroes visten de uniforme o levantan un sable. Don Salvador sabía arrodillarse y rezar porque era un verdadero hombre.

Tuesday, May 31, 2011

AL ACECHO










Sombrero de ala corta, saco y corbata, gafas de sol con lentes de espejo, un bulto en la cintura dando a entender, "vengo armao". Cara de pocos amigos. Forma de caminar que indica, "ponte en tu sitio, pendejo, cuando yo paso, tú tiemblas".

Vehículos alemanes, los mismos que Hitler patrocinó para complacer al vulgo, "die Volks", con un "Wagen" y que los dominicanos, con tanta chispa como los berlineses que a puertas cerradas se burlaban del Tercer Reich, denominaron "cepillos" porque por donde pasaban dejaban el limpio.

No había palique en la esquina ni bebedera de cerveza en el colmado que no se terminara cuando se oía el run-rún de aquellos motores que eran la coda de nuestro concierto de terror.


Calles vacías. Puertas cerradas. Aldabas, seguros, picaportes, pestillos, en percusión unísona y sincopada. La cacofonía del miedo.



De dos en dos acechaban. En el colegio, en la iglesia, al salir del cine. No había escape. El teléfono obviamente interferido. Yo, al teléfono con una u otra de las tías, "Dice Mamy que tiene una receta nueva", contraseña de que había alguna noticia interesante que por lo general terminaba siendo sólo un rumor. El Valium se puso de moda. Cómo no, si de alguna manera había que conciliar el sueño.



A más de cincuenta años, cuando sentimos que podemos hacer y decir lo que nos dé la gana, rememorar esta etapa es como rascar una cicatriz que no ha sanado completamente. Es un puño en el estómago, una garra en la garganta. Y mi temor es que los de ahora no van a entender, no van a creer y volverán a caer en algo tan o más funesto de lo que fuera La Era.

Monday, May 23, 2011

UNA PROTESTA VESTIDA DE LINO



Mediados de los años 50. Por decreto gubernamental todas las mujeres dominicanas deben participar en un desfile multitudinario en honor a El Jefe. Todas deben vestir de blanco, preferentemente luciendo guantes y sombrero.

Mamy diseño y cortó un sencillo traje de lino y antes de ensamblarlo lo llevó donde una señora china que bordaba a máquina. Vivía la señora en la pequeña área que era entonces el barrio chino de Ciudad Trujillo, en la avenida José Trujillo Valdez. Por señas y medias palabras se entendieron y con el diseño preparado por Mamy, que era muy buena dibujante, flores y arabescos florecieron en la pechera y los bolsillos.


En las paredes del abarrotado taller de costura colgaban calendarios multicolores que mostraban mujeres fascinantes luciendo sinuosos vestidos de seda y parasoles de papel. Otros tenían pinturas de montañas inverosímiles que salían del agua como dentaduras de creaturas míticas. A los siete años decidí que los chinos no sabían pintar ni tenían idea de cómo eran las montañas de verdad. Muchísimos años después visité Guilin en China y navegué en el río Li, del que nacen esas montañas que sí son como las pintaron. Por primera vez desde mi infancia pensé en esa señora, tan lejos de su tierra natal, cosiendo en un cuartucho caluroso en una isla en el medio del Mar Caribe.


El vestido quedó estupendo y Mamy, con su figura menuda y curvilínea, se veía como una reina. Como siempre.


La mañana del desfile Mamy se acicaló temprano, se puso un sombrero pequeño de flores de seda y agarró sus guantes y su cartera. El camino hasta el malecón era bastante corto, pero en el trayecto Mamy dió un tropezón con sus tacones. Llegó al punto de reunión cojeando y naturalmente se le excusó por causas ajenas a su voluntad. A la vuelta, desde que el malecón se perdió de vista Mamy dejó de cojear y llegó a casa sonriendo pícaramente.


Hay muchas formas de resistir una tiranía; ésta tuvo como requisito un vestido de lino blanco. El vestido reside en mi closet desde hace muchos años como emblema y recordatorio de mi bella mamá y su espíritu, que a los casi 90 años continúa siendo indomable.




Monday, May 16, 2011

CIGARRONES



Un siquiatra podría encontrar otra razón, pero si me autoanalizo creo que mi desdeño hacia los cigarrones empezó muy temprano. Aquellos parques inmaculados de La Era, plantados en filas estrictas de ásperos y erectos soldados uniformados de un verde claro con enarbolados penachos rojos o amarillos como kepís napoleónicos. Aquella rigidez en el diseño paisajista reflejaba la misma rigidez del medio ambiente que habitábamos. Al pie de estos batallones vegetales, las flores azul cielo de la Isabel Segunda proporcionaban un respiro pasajero, como para evitar que fuéramos todos de golpe a parar al manicomio. El efecto principal, el mensaje sin palabras siempre era el mismo: severidad, inflexibilidad, conformismo. "¡Anden derecho, carajo, que aquí el que manda soy yo!"

Monday, September 14, 2009

Y YO TAMBIEN DESFILE




La noticia nos dejó consternados: Si no desfilábamos, el gobierno cerraría el colegio. Nuestra directora, Doña Lourdes Roques de Santoni, entró al aula del octavo y con manos temblorosas leyó la orden enviada por la Secretaría de Educación. El Colegio Santa Teresita era un bastión del antitrujillismo, los hermanos de las tres hermanas Roques, fundadoras del colegio, eran parte del exilio activo. Ese día Doña Lourdes nos dio otra lección de democracia. Nos dijo que no obligaría a nadie a marchar en una manifestación a favor del régimen, que aquellos que no tuvieran el deseo de hacerlo no recibirían ningún castigo y que si nadie quería presentarse a aquel desfile, sencillamente el colegio se acataría a las disposiciones del gobierno. Después de un pesado silencio, todos a una voz contestamos ¡Marchamos! Y así, a los doce años, yo también marché ante la tribuna de la dictadura.



Elena Ramirez Roques y yo, por ser las más pequeñas y porque Elena era hija de una de las Roques y había que dar el ejemplo, fuimos las encargadas de llevar el pabellón del colegio. Detrás venía el grupo de abanderados y luego el colegio en pleno con varios de los maestros. Las excepciones fueron las hermanas Roques y Don Poncio y Doña Amelia Sabater. Apoyamos plenamente esa infinitésima expresión de resistencia pasiva.



Las semanas anteriores al desfile fueron un revuelo de actividad. Había que diseñar y confeccionar un uniforme de gala. Las chicas de la secundaria, entre ellas Annie Amell y Carmen Rosa Prieto triunfaron con un diseño estilo Christian Dior de falda estrecha y chaqueta ajustada que a ellas con sus formas espigadas les quedaba de maravilla. En mí, regordeta y preadolescente, parecía un saco de papas a pesar de los esfuerzos de Mami para darle forma con pinzas, costuras y hasta una faja elástica. Qué bien recuerdo los comentarios de los espectadores: "¡Ay míralas tan chiquitas y vestidas de señoritas!" ¡Qué agentás!"



Lamentablemente las fotos de la ocasión han desaparecido.



Era un día normal como son normales la mayoría de los días en el Caribe. Cielo y mar azules. No mucho calor. Fuimos uno de los últimos colegios en desfilar, creo que El Jefe hasta ya se había ido. Los chicos habíamos hecho un pacto que al menos yo cumplí: al pasar al frente de la tarima, voltear la cara hacia el mar. Como iba delante, no sé si los demás lo hicieron. Pero yo sí puse mucha atención a las olas caribeñas en esa larga mañana de La Era.

Tuesday, September 1, 2009

MI PRIMAVERA


La Primavera es parte del Gazcue romántico. Va desde más o menos la Pasteur hasta la Socorro Sánchez y desde la Bolívar hasta la Independencia. En aquellos años era un sector tranquilo, arbolado, de casonas estilo español con patios de azulejos y fuentes, otras de estilo art deco con líneas modernistas y salones relucientes de mármol y caoba, y edificios de apartamentos de varios pisos. Mi niñez y adolescencia estuvieron circunscritas por poetas y literatos, desde mi calle, la José Joaquín Perez, pasando por la Hermanos Deligne, la Cervantes y la Josefa Perdomo. Para una niña cuyo interés principal era la lectura y prefería pasarse las vacaciones con Julio Verne y Alejandro Dumas a patinar o jugar volibol, estaba perfectamente situada en mi mundo de ideas y palabras. Don Max Henríquez Ureña y Doña Flérida Nolasco no eran nombres en un libro de texto; eran personas cariñosas que se interesaban en mis conversaciones y contestaban a mis preguntas con respuestas fascinantes. A una cuadra, en la esquina con Santiago, en la casona de los Carbuccia que es ahora una universidad, vivía la Srita. Estervina Matos en su salón abarrotado de libros y retratos enmarcados de personajes de letras de su generación que era para mí como entrar en la cueva de Alí Babá. A los doce años de edad a nadie le gusta que le apoden "Tesorito". Así me llamaba ella ocasionándome un malestar indescriptible. Ahora la recuerdo con gran cariño y cómo me gustaría poder escuchar sus aladas explicaciones literarias una vez más.
En la esquina opuesta a mi casa estaba la moderna Clínica Faxas, rodeada de jardines y pinos. En este sector, donde la vegetación y la paz eran parte de nuestro diario vivir, donde en las mañanas el canto de las aves se entretejía con las llamadas de las marchantas, la Clínica Faxas se convirtió para mí en un punto focal de los hechos aborrecibles de la dictadura. Cuando se denunció al joven Pipe Faxas como dirigente del Movimiento 14 de Junio a la clínica se presentaron los odiados y temidos agentes del Servicio de Inteligencia Militar. No sé exactamente qué sucedió pero la clínica ya no volvió a serlo. Habían agentes sentados a la entrada y vigilantes por el entorno. Los vecinos pasaban y susurraban sobre los acontecimientos. El temor era palpable. Esa fue la primera vez que observé los estragos de La Era tan de cerca.
Ese día Mi Primavera perdió parte de su belleza y brillantez. Lo que nadie podía imaginarse entonces es que también ese día se había dado otro paso en el descenso de La Era hacia su sangriento final.

Thursday, August 13, 2009

DESAPARECIENDO


En mi niñez sucedían cosas extrañas. De repente se perdía de vista algún conocido, algún amigo no respondía una carta, alguna joven estudiante venía a visitar y susurrando se despedía por última vez. No se volvía a saber de ellos. Un día estaban ahí, jóvenes y llenos de vida, estudiando o trabajando con afán y al otro se esfumaban sin dejar rastro. Sin anuncios en los periódicos, sin férretro, sin flores, sin velorio ni funeral. La noticia iba de boca en boca entre gestos y palabras en clave. De repente los buenos amigos dejaban de visitar la casa del desaparecido. Alguien podría estar acechando. Los nombres no se volvían a mencionar. Alguien podría estar escuchando. Los padres sellaban su labios con gesto férreo y aparentaban que todo seguía igual. La mayoría de los desaparecidos eran hombres jóvenes, pero también las muchachas desaparecían sin dejar trazas. Los padres bien sabían que no debían dar parte a las autoridades. A veces, por vías inimaginables se enteraban que su hijo o hija había pedido asilo en una embajada y ahora estaba en Argentina o Venezuela en un exilio que podría durar el resto de sus días. Esos eran los que habían tenido suerte. Hasta los que oían que sus hijos estaban presos tenían un hálito de esperanza. Los demás pasaban una eternidad en ese limbo de pensamientos horripilantes donde el misterio hace que la realidad se vea aún más pavorosa.

La flor de nuestra juventud, decía mi abuela Carmelita. Y eran flores. Así los recuerdo, con sus guayaberas impecables y sus faldas de mil varas. Estos eran los jóvenes que soñaban con tiempos mejores, con la libertad para hacer o decir lo que quisieran. Y lo que encontraron fue una fría celda, una tumba a destiempo y la más aterradora de todas las pesadillas, un viaje hasta el cielo, un empujón al vacío, una caída al mar y esperándolos los tiburones mejor alimentados del mundo.

¿Cómo sobrevivieron tantas familias este infierno en vida? La fé, me imagino sería un recurso bendito. Los sueños de venganza podrían dar algún consuelo. Hubo aquellos que, volando cerca de la llama del poder, chamuscaron sus alas y se retiraron a planear conspiraciones que nunca vieron la luz del día. Hubo familias enteras que desaparecieron, donde no quedó una sola alma para contar su historia. Y hoy que se puede contar, ¿quién se acuerda? ¿A quién le interesa? ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

Thursday, August 6, 2009

1952


" Todos los tiranos se abrazan como hermanos
Exhibiendo a las gentes sus calvas indecentes."
Ana Belén



Wednesday, July 22, 2009

EL PARQUE RAMFIS


NO PISE LA GRAMA --- NO CORTE LAS FLORES ---
CUIDE SU JARDIN

Absolutamente, damas y caballeros, niñas y niños, cuidado con cortar los cigarrones, todos del mismo color y plantados como batallones de soldados en atención con crestas rojas en los kepis. Los 'tú y yo', con sus espinas como cimitarras talibanescas nos mantenían al margen, obligándonos a pasear sólo por las calzadas impecables. Cuidado con pisar la grama mi vida, porque viene el guardia y te lleva presa. Había columpios, subibajas y montaña rusa. El estanque se había convertido en piscina donde 'nadaban' los tigueritos, pero los niños de mamá ni pensar en meter los pies. Ni mires para allá, eso está lleno de parásitos. Este balneario improvisado era una aberración pasada por alto por los guardias y vigilantes probablemente hastiados por la imposibilidad de contener a la muchachada durante la canícula. Era un parque de plano monumental y gran elegancia. En la parte posterior, un pabellón parcialmente ocupado por la escuela de ballet donde aprendí las cinco posiciones, el plié, el demi-plié y el arabesque con 'La Madame' sentada en su silla y marcando el compás con el bastón. Al lado oeste, más cerca de la Crucero Ahrens, había otro estanque pequeño y mágico donde los renacuajos se convertían en ranas ante nuestros ojos asombrados y la estatua de Baden Powell, no el jazzista brasileño sino el creador de los Boy Scouts, nos miraba con ojos que parecían decir, Se embromaron, miren en qué país les tocó nacer. Al cruzar la Crucero Ahrens, en la esquina con el malecón, el edificio del Partido Dominicano. El único partido necesario ya que las elecciones siempre las ganaba el mismo candidato o alguien designado por él. "Mis Mejores Amigos son los Hombres de Trabajo". Lema a luces de neón en la fachada. Adentro, me imagino, ya que nunca entré hasta que se convirtió en el Conservatorio de Música, después de La Era, los burócratas en su empeño de mantener a todos los dominicanos al día con su 'Palmita', que era el carnet de los miembros. Y si no tienes tu palmita vas a pasar vicisitudes para conseguir un empleito, mi hijo, así que mejor ve a inscribirte. Un parque digno de La Ciudad más Limpia de América. Un parque donde frecuentemente a primera luz del día aparecían cadáveres que nadie se atrevía a identificar. Los renacuajos, prosiguiendo con su metamórfosis milenaria, eran los únicos testigos en la noche tenebrosa de La Era.

Monday, July 20, 2009

COMO ME LO CONTARON TE LO CUENTO

Verdad o no, la historia es que un joven sentado en el Parque Colón leía El Caribe una fresca mañana caribeña. Corría el año 1958, el mundo cambiaba, se sentían corrientes políticas aciclonadas, había agitación por toda latinoamérica, barbudos en la Sierra Maestra. Y en nuestra soñolienta capital todo seguía tan superficialmente tranquilo como siempre. El joven, en su furor juvenil, exclamó, "¡Oyeme, pero este periódico no trae noticias de ná!" Para su eterno sentir sus palabras llegaron a los oídos de un guardia que hacía yuca por los frentes del cine Capitolio. Se apersonó el defensor de La Era y con un macanazo por los fundillos al aturdido jovenzuelo, lo levantó en vilo. "¿Cómo que no trae noticias de ná? Párese ahí y empiece a leer, carajo. Y Viva El Jefe!" El joven pasó el resto del día de pie ante la estatua de Colón leyendo pausadamente desde el encabezado hasta el último anuncio de "Se traspasa negocio por no poderlo atender su dueño" habiendo antes pasado por Avivato y Trucutú. ¡Oh, qué realmente gloriosa era La Era!

Thursday, July 9, 2009

EN LA TIERRA DEL YO NO SE

Rubén, Ruthie, Mercedes Carmen, Andresito, Mingo

¿Cómo te llamas? Mercedes Carmen
¿Dónde vives? En la Calle Santomé entre El Conde y la Arzobispo Nouel.
¿Cuántos años tienes? Seis
¿Cómo se llama tu abuelo? Bienvenido Lora
¿Quién viene a visitar a tu casa? Yo no sé.
¿De qué hablan en tu casa? Yo no sé.
¿Dónde van tus tías a visitar? Yo no sé
¿Quién se queda a dormir en tu casa? Yo no sé.


Era una instrucción militar la que nos habían dado a mis primos Andrés y José Domingo y a mi. Los prisioneros de guerra sólo dan su nombre, rango y número de serie. Los niños de La Era vivíamos en un bellísimo y tropical campo de concentración. Las conversaciones, mayormente susurradas, cesaban repentinamente cuando aparecía una de las trabajadoras. En esos años Doña María Trujillo tuvo la brillante idea de formar una escuela para doncellas donde se les indoctrinaba para trabajar como espías del régimen, copia fiel de los grupos formados por los Nazis en los años 30.

Era no saber sabiendo. No éramos tontos. Sentíamos que había un trasfondo de miedo cuando las tías se escondían dentro del armario para oir el radio de onda corta. Notábamos los rezongos a media voz de los mayores cuando escuchaban las alabanzas al régimen en el radio o cuando leían los insultos que aparecían en el períodico, en el odiado Foro Público. Pero aún así, lo niños de La Era no sabíamos nada aunque estuviéramos enterados de todo.

Saturday, July 4, 2009

PAPI, TRUJILLO Y EL CARRO

"Barco grande ande o no ande" era uno de los lemas de Papi. Nada de Austin ni Peugeot ni Opel. Lo de él era American Motors, General Motors, Chrysler, mientras más grande mejor. El Chevrolet Impala que escogió en el 56 era el único en el país, lo que no era tan fascinante como se oye porque había muy pocos carros en el territorio nacional, lo que hacía que un carro de esa envergardura se notara aún más. Color coral, con aletas de gaviota, cromo por todas partes, ventanas eléctricas. El carro quitaba el hipo. Una mañana de verano, Papi de viaje en el interior inspeccionando unos canales de riego o algún otro tipo de construcción, suena el teléfono y es de su oficina. Que dónde está el ingeniero. Que está de viaje de trabajo. Que llame inmediatamente que llegue. Las llamadas empezaron temprano y ya para las tres de la tarde habían sido tantas que Mami estaba segura que Papi iba directo para la tenebrosa Cuarenta, de donde muy pocos salían para contarlo. Nerviosa, temblorosa, sin saber con quién hablar ni qué decir, esperando ansiosamente que llegara Papi. Al fin, como a las cinco, llega Papi con cara de que vio por lo menos un fantasma. Esta es la historia: Una noche de esa semana habíamos ido a visitar a los abuelos en la Zona Colonial y a dar un paseo por el malecón. Al bajar por la Máximo Gomez nos desviaron porque El Jefe estaba tomando su paseo vespertino, no sin que antes el susodicho llegara a darle una ojeada al vehículo. Inmediatamente quiso saber quién era el dueño y cuando se lo dijeron, envió una orden diciendo que un ingeniero joven, casi empezando su carrera, no podía tener un carro de esa índole. Pues Papi tuvo que devolver el carro. No porque no pudiera pagarlo -lo que sí podía y con creces- sino porque el Jefe se había antojado de él para regalárselo a una querida. Como diría el Sr. Ripley, Créalo o No. Un año después Papi compró un Mercury aún más despampanante. Pero tuvo mucho cuidado de no volver a pasear por el malecón a la hora de la caminata del Jefe.

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INVITACION AL RECUERDO

Los dominicanos que nacimos entre 1930 y 1961 nacimos en La Era. Los que nacimos en La Era aprendimos desde la cuna a hablar poco y callar todo. Los que nacimos en La Era sabíamos por ósmosis que vivíamos en el terror. Lo sabíamos aunque nadie nos lo explicara. Los que nacimos en La Era recordamos tiempos tan apacibles que tenían que ser un mito. Y así era. Debajo de esa engañosa tranquilidad había un tumulto de horrores y temor que lo empañaba todo. Y aún así vivimos una niñez dorada... ESTE ES EL SITIO PARA RECORDAR...

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