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Sunday, April 21, 2013

LADRONES DE RELOJES

Foto: Conrado - Archivo General de la Nación

Se robaban los relojes.  ¿Quiénes?  Ya los vemos.  ¿Dónde?  Por ahí.  No importa.  ¿Cuándo?  En los tiempos de La Era.  ¿Cómo?  Sin duda los guardias les sacaron la información sin mucha dificultad.  ¿Por qué?  Al mirar sus rostros la respuesta es  clara.   Hambre.  Necesidad.  Falta de educación. Pero no.  No es posible. En La Era no existía hambre, ni necesidad, ni ignorancia.  Oh no.  No había ladrones.  Se dormía con las ventanas abiertas y las puertas sin cerrojos.  El Jefe llenaba todas la barrigas.  El Jefe daba educación a todos.  Sus mejores amigos eran los hombres de trabajo.  

Pero tengo preguntas aún más urgentes.  ¿Vivieron para contarlo?  ¿Sobrevivirían la paliza que indudablemente les esperaba?  Los correazos y las patadas hasta orinarse.  Los labios partidos, los ojos hinchados.  ¿Están vivos aún?  ¿Se convertiría alguno de ellos en cómplice de la dictadura?  ¿Lo vi alguna vez pasar por mi casa, con su sombrerito y sus gafas oscuras, manejando un Volkswagen?  ¿Me sonrió despectivamente tratando de amedrentarme?  

Prefiero imaginar que sus destinos fueron más apacibles, aunque lo dudo.  Prefiero pensar que robaban relojes porque deseaban parar el tiempo.  Querían detener el tic-tac malévolo que nos arrastraba en aquella  noche constante que se embozaba en una capa de cielo azul y sol brillante.  O quizás querían acelerar las horas hasta que el caos nos destruyera de una vez por todas. 

Sí.  Esa es la explicación.  Esos ladrones de relojes sólo deseaban cambiar los tiempos.  


Monday, December 10, 2012

NAVIDAD NEGRA

Diciembre de 1960.  ¿Lo recuerdas?  ¿Recuerdas lo que sucedió en noviembre de ese año?  ¿Cómo celebrar la navidad mientras tantos sufrían?  Ese fue el año del arbolito sin luces.  Y el año en que de alguna manera los Reyes Magos se olvidaron de mí.  La distracción de mi madre no es sorpresa ahora, aunque dolió en su momento.  Y gracias a los tíos y los abuelos pude desenvolver y agradecer regalos el 6 de enero. 

La voz de mi abuela levantando la copa de sidra, porque para Champán no había, y brindando truculentamente, "Los judíos dicen, 'El próximo año en Jerusalén', yo digo, ¡El próximo año sin este hombre!"



Qué bien recuerdo las miradas y los murmullos de  sus ocho hijos, con sus cónyuges y  sus niños, sentados alrededor de la gran mesa de madera rústica del comedor de atrás.  ¡Mamá! murmuraron al unísono.

Pues claro, porque en aquellos tiempos las paredes escuchaban y reportaban.  Realmente no recuerdo si hubo fiestas, si hubo bailes, o muchas luces en El Conde.  El Santicló de La Margarita posiblemente rió a carcajadas, pero no lo ví.  Lo que sí recuerdo es que había una pesadumbre, una niebla gris de pena y de humillación que azotaba a pesar de la dulce brisa navideña.  ¿Las Arandelas?  ¿El Martiniqueño?  ¿El perico ripiao?  No los recuerdo.  Lo que sí recuerdo es que un mes antes, unos carniceros habían martirizado a tres hermanas indefensas y su chofer y el pueblo tenía luto.  De vez en cuando se oía alguna que otra bomba.  Fútil resistencia ante un régimen encarnecido.  Las calles se veían vacías.  Era peligroso salir por la noches; los agentes del SIM tenían amplia potestad para detener a cualquiera y desaparecerlo.  Una sociedad aterrorizada, al desnudo, sin fuerzas ni armas para sublevarse.  

Recuerdo el arbolito en mi casa, puesto a duras penas porque mi hermanito acababa de cumplir dos años y debía tener su recuerdo de Navidad.  Pero Mamy no prendió las luces.  Otra tímida  demonstración de resistencia pacífica.  Y los regalos fueron pocos.  Y todo se envolvió en aquella miasma desesperante.  Nadie podía imaginarse en ese momento lleno de fatalidad, durante aquella Navidad vacía y siniestra, que exactamente doce meses después estuviéramos cantando un nuevo merengue que nada tenía que ver con las insensibles alabanzas anteriores: "Navidad con Libertad".

Saturday, October 6, 2012

"Estos Eran Los Palacios"

Me han pedido que sea menos melancólica en lo que escribo.  Que recuerde los lugares y momentos felices de mi niñez.  Que hable de los cines, las tiendas, las fiestas de aquellos años.  Aunque lo intento frecuen- temente y aunque soy una persona alegre y chistosa en la cotidianeidad, no parece ser mi estilo al describir esos primeros trece años de mi existencia.

"Había una vez una niña feliz que vivía en una ciudad besada por el sol y acariciada por el mar".  Muy feliz.  En las tardes invernales las golondrinas revoloteaban alrededor del balcón de los abuelos; sí como en las rimas de Gustavo Adolfo.  

En las mañanas estivales, durante las vacaciones y antes de que me embalaran para los cafetales de Villa Trina, los paseos en coche con las primas de Santiago, los días "de sal y de sol" del Puerto Plata de Juan Lockward, o el campamento de verano de Herrera, mis primos y yo nos íbamos a dar caminatas con el abuelo quien, al llegar a "La bolita de la Feria", desde la Santomé, que conste, vestido de saco y corbata y con el Borsalino que nunca dejó de usar, nos compraba a cada uno un guineo.  Y volvíamos de vuelta a la Santomé, sudorosos, sedientos, "quemados como camarones" decía la abuela.  A bañarnos, a comer y luego la siesta mientras se escuchaba música clásica en el radio gracias a la Farmacia Mella.  Por las noches  de vez en cuando entraba algún murciélago por los tragaluces, se armaba la corredera, los chillidos,  hasta que uno de los tíos, que me lucian más valientes y buenos mozos que los héroes medievales de Sir Walter Scott, lo atrapaba y, para nuestro encanto, lo hacía fumar para después soltarlo y verlo alejarse volando hasta el gran árbol de mamones detrás de la casa. 

 Había tardes especiales cuando la abuela Carmelita y yo, solamente yo, la preferida, la especial, yo, la que no se cansaba de escuchar sus añoranzas --"Yo vivía en San Juan, en la Calle Fortaleza esquina Calle del Cristo y mi patio era el mar".  Yo, la que anhelaba su compañía, la elegida, sentada en las ruinas del Alcázar, en las piedras de San Miguel, bajo los arcos del Convento, escuchando las historias de su familia o los escritos de Alan Kardec.  De sus lecturas recordadas de la Revolución Francesa se pasaba fácilmente al hundimiento del Titanic, a la muerte accidental de Isadora Duncan, a una historia bíblica o a un párrafo de Vargas Vila-- "El águila no sabe lo que el pantano siente".   Con su voz apacible que nunca abandonó totalmente el dejo de su patria de origen, hablaba de la Conquista, de los virreyes, del oro y la plata, de la abundancia y de la codicia, de las alegrías del amor y de las desventuras de la vida.  Tema sobre tema, historia y cuento, leyenda y mito.  Su filosofía personal que se fue convirtiendo en la mía.

Otras tardes, cuando las cosas no iban bien, cuando se notaba la pesadez de alguna dificultad, de alguna obstrucción al bienestar de su familia, agarrada de manos conmigo hasta Güibia, donde, con aplomo lanzaba una botella al mar.  En ella iba una carta, un ruego, o tal vez una lista de las circunstacias que la abrumaban.  Nunca pregunté.  No lo hicimos muchas veces pero sí lo suficiente para que yo, a temprana edad, entendiera que era importante hacerlo con fé y que la solución vendría.  Bendita abuela que me enseñó que hasta las flores secas tienen su encanto.  

Era linda y limpia mi ciudad, tranquila y hasta podría decir serena, pero eso ya lo he dicho yo y lo dicen todos los que la conocieron y hasta muchos que todavía no habían nacido porque esa imagen se ha convertido en parte de nuestra memoria colectiva.  Los maniseros con sus latas y sus brasas chisporroteantes; un puñadito de maní caliente servido en un cucurucho de papel que año a año se hacía más pequeño.  El amolador de tijeras y cuchillos soplando notas con su flauta de Pan y empujando la gran piedra redonda y chata.  El atesador de bastidores que tenía que venir a menudo porque los chiquillos brincábamos en las camas como trampolines.  "¡A---tesador!".  El hombre de los paquitos y revistas, cambiando dos usados por uno nuevo mas dos cheles.  El paletero cantando, "¡Chicle Pollito, menta, Hollywood, Crema!".  Los Chicles Pollito eran más caros pero traían premios que yo atesoraba. La marchanta de flores con sus azucenas olorosas a Primera Comunión, una gran lata llena de agua y flores balanceada en la cabeza.  Me maravilla pensar lo pesada que es el agua y cómo esas doñas caminaban toda la ciudad, desde las cuestas hasta el mar, en el calor tropical, para ganarse el sustento.    Los vendedores de dulces, besitos de coco, alegrías, bolitas, coconetes, suspiros, canquiñas amelcochadas o azucaradas.  El señor que traía la miel de abeja en el panal, las velas hechas a mano y las botellas de cera para dar brillo a los muebles.  Una que otra  vez, comiendo del panal, masticaba una abeja ahogada en su dulzura. ¡Horror!  El carbonero con su carro polvoriento y su jamelgo al que se le podían contar las costillas.   Teníamos estufa eléctrica y luego de gas, pero siempre se usó anafe, sobre todo para el sancocho.  Modernidad y tradición viviendo bajo el mismo techo.

¿Ya?  ¿Es suficiente?  ¿Habré cumplido con la petición?  No quiero aburrir.  Pero fíjate que se me olvidó hablar de tiendas o de restaurantes o de fiestas.  

Tuesday, June 19, 2012

UN SABADO CUALQUIERA

Un sábado cualquiera.  Poco tiempo después de mudarnos a Gazcue, suena el timbre de la puerta.  "Doña, la buscan".  Acompañada de dos guardias entra una mujercita cuya mejor descripción sería la de gallina semidesplumada.  Sandalias de tacón, canillas, arrugas, peluza rizada y teñida de un color rucio que le haría competencia a la arena de mi playa favorita en Puerto Plata.  La "dama" explica con mucho gesto que viene a llevarse las lámparas porque son de ella. 


--¿Las lámparas?  ¿Las de mi sala y mi comedor?


 --Sí, esas mismas, son mías, que me las regalaron los que vivían aquí anteriormente. 


 --Pues pase y lléveselas.  


Los guardias se encaraman en sillas -ni ocurrírseles traer escalera- y desmontan las dos lámparas colgantes.  Como despedida, la mujercita señala:  


--Aquí falta el retrato del Jefe.


Al caer la tarde vuelve Papy.  Mamy le cuenta lo sucedido.


--No te preocupes, ahora vamos a la Curacao y compramos otras.   


--Sí, responde ella, pero no muy caras, por si vuelve.  Oh, y también un retrato del hombre.


Un sábado cualquiera durante La Era.


p.d. La mujercita era Nieves Luisa - hermana del "Jefe".



Sunday, June 10, 2012

NO FUE UN SUEÑO

No, no me lo soñé.  No fue una falsa memoria despertada por Mauricio Babilonia.  Las mariposas amarillas sí venían a la capital y dejaban todo cubierto de un polvillo dorado.  Eran nubes migratorias que ocultaban el cielo.  Los limpiavidrios de los carros las empujaban.  Recuerdo el Mercury color champaña de Papy cubierto de ese oro en polvo y él quejándose de que había que pasarle un trapo.  Ah, hombre dominicano que hasta para lo más sencillo necesitas un trabajador, un sirviente.    Se oían anuncios radiales del servicio civil:  "Poca visibilidad debido a las mariposas".   Como siempre he dicho, la niñez en La Era no fue todo un martirio; fue una niñez dorada y mágica en un país ultra tranquilo, ultra seguro, siempre y cuando no te metieras con "ellos", los inmencionables.  Una pequeña ciudad absolutamente limpia y callada donde  las orugas enormes desnudaban  los árboles bombax  y las plumerias de Gazcue para luego metamorfosear en imponentes mariposas negras.   Y sobre todo las mariposas amarillas esperadas cada año para marcar el final de nuestra brevísima primavera. ¿Cuándo dejaron de migrar?  ¿Quién notó su ausencia durante los años siguientes al final de la dictadura?  ¿Estábamos todos tan ocupados tratando de forjar una patria diferente que no había tiempo para pensar en 'maripositas volando'?  Las nuevas generaciones nunca sabrán de la magia de un aire lleno de oro suspendido.  Probablemente piensen que éste no es más que otro cuento nostálgico.  Pero sí existieron.  Sí volaban de oeste a este dejando a su paso el único oro que no se  llevaron los peninsulares y que no  pudieron explotar "ellos", los de La Era.

Wednesday, May 30, 2012

EL PODER DE LA ORACION

Mayo del 1961 fue algo diferente y especial.  No  fue el mayo esperado por todas las chicas para lavar sus caras con "la primera agua de mayo" y nunca tener arrugas.  No fue el mayo de la rima juvenil "Primero de mayo/postrero de abril/hazme soñar con el hombre/de mi porvenir."  

Fue un mayo preñado de hostilidad, rumores, tensión, miradas furtivas, situaciones inexplicables.  Fue sobre todo el mayo de la oración.  Los rosarios de la aurora se multiplicaron.  Las filas de los rezadores fueron más largas que nunca.  La procesión diaria de nuestra parroquia de San Antonio subía lentamente por la José Joaquín Pérez desde la Independencia, doblaba en la Bolívar y bajaba de vuelta a la iglesia por la Hermanos Deligne.  "Pequé, pequé Dios mío/piedad Señor, piedad/si grandes son mis culpas/mayor es tu bondad."  Resistencia pacífica.

Un rosario con velas en el patio del Colegio De la Salle se convirtió en una manifestación nocturna sin precedentes.  El recinto iluminado por los cirios era un mar de luces, un océano viviente enroscándose lentamente en una marejada de oración encrispada en protesta.  Se había dicho que sólo irían mujeres, esto para proteger a tantos esposos que tenían empleos gubernamentales y podrían perderlos si se descubría su presencia en un acto de esta índole.   Pero los hombres llegaron.  

Llegaron los padres desolados que habían perdido hijos durante la invasión del 1959 o la represión desatada de ahí en adelante; llegaron los hombres que sentían el deber de escoltar y defender a sus esposas y a sus hijas en caso de disturbio por parte de las autoridades.  Llegaron los jóvenes estudiantes que soslayaban un futuro incierto si las cosas continuaban como iban.

También llegaron los agentes del SIM en sus carricoches VW, se estacionaron por todo el rededor y nos miraban con caras de "ya sé quién eres y ya sabes lo que te espera".  Mamy, muy seria, diciéndome que no me alejara de ella y no los mirara.  Recuerdo que Papy nos dejó en la puerta del colegio y fue a buscar parqueo y no volvimos a verlo hasta que llegamos de vuelta a casa, era tanta la gente que fue más fácil caminar por la Bolívar que tratar de esperarlo.  

Aurora tras aurora, noche tras noche, oración y petición.

Y ese día 31, el último del mes de mayo, hubo respuesta.


Wednesday, March 14, 2012

MAYO y JUNIO - 1961

Esos rostros... la sorpresa... Mis padres iban a misa de 11:00 en Nuestra Señora de la Paz en el malecón, con la brisa del mar mejor que cualquier aire acondicionado. Yo iba a misa mucho más temprano en nuestra parroquia de San Antonio para después ir a la 'Tanda Vermouth' del cine Elite. Algunos domingos cuando la película no me interesaba o porque luego íbamos a pasear o a visitar a los abuelos más temprano que de costumbre, iba con mis padres a la misa de 11:00. El señor de gesto amable y traje inmaculado que siempre se sentaba en el banco delante del nuestro era amigo de infancia de mis padres y nos daba la paz con un gran cariño reciprocado. Para mí era solamente "Don Salvador" sin apellido hasta ese día cuando su retrato apareció en los periódicos. Lo había visto en misa el domingo anterior. Se había arrodillado como de costumbre. Nos había saludado como de costumbre. ¿Tal vez un poco más serio? ¿Habría alguien podido notar algo diferente ese domingo? El plan ya estaba forjado y para un hombre religioso, el hecho de quitarle la vida a otro debe haber pesado en su alma de manera aplastante. El domingo siguiente su banco estaba vacío. Luego vinieron la prisión, la tortura y la muerte a manos de un mequetrefe alcoholizado. No todos los héroes visten de uniforme o levantan un sable. Don Salvador sabía arrodillarse y rezar porque era un verdadero hombre.

Wednesday, May 18, 2011

Minetta




"Soy de La Era y con orgullo, tocada muy de cerca... quizás eso me enseñó a ser como soy. Una Era con un padre exilado durante catorce años pero con una madre que supo jugar los dos papeles durante toda mi vida. Nos enseñó a ser fuertes, no temerle a nada, ¡pero con MUCHA PRUDENCIA! Ese era el quid del asunto, saber CALLAR cuando había que hacerlo... Mucha tensión, pero consciente siempre y ALERTA toda la vida".


En la foto: Minetta Roques, Cristina Veras,

Alexandra Saleta, Myrna De Frías


¿Qué se puede añadir a tan contundente testimonio? Muchas como yo vivimos esos duros tiempos rodeadas de nuestros seres queridos. Otras como Minetta crecieron sin ver a sus papás y sin saber si llegaría el día en que pudieran reunirse de nuevo. Recuerdo muy bien a Doña Toñita, siempre ocupada, enseñando en la primaria y cosiendo los bellos vestidos que lucían Minetta y sus hermanas mayores. Las tres como princesas. El dolor de la separación quedaba escondido detrás de las puertas cerradas y las sonrisas animosas se mostraban al mundo porque de ninguna manera se podía dar a entender a aquellos monstruos que hacían mella en el espíritu de sus inocentes víctimas.

Monday, May 16, 2011

CIGARRONES



Un siquiatra podría encontrar otra razón, pero si me autoanalizo creo que mi desdeño hacia los cigarrones empezó muy temprano. Aquellos parques inmaculados de La Era, plantados en filas estrictas de ásperos y erectos soldados uniformados de un verde claro con enarbolados penachos rojos o amarillos como kepís napoleónicos. Aquella rigidez en el diseño paisajista reflejaba la misma rigidez del medio ambiente que habitábamos. Al pie de estos batallones vegetales, las flores azul cielo de la Isabel Segunda proporcionaban un respiro pasajero, como para evitar que fuéramos todos de golpe a parar al manicomio. El efecto principal, el mensaje sin palabras siempre era el mismo: severidad, inflexibilidad, conformismo. "¡Anden derecho, carajo, que aquí el que manda soy yo!"

Monday, September 14, 2009

Y YO TAMBIEN DESFILE




La noticia nos dejó consternados: Si no desfilábamos, el gobierno cerraría el colegio. Nuestra directora, Doña Lourdes Roques de Santoni, entró al aula del octavo y con manos temblorosas leyó la orden enviada por la Secretaría de Educación. El Colegio Santa Teresita era un bastión del antitrujillismo, los hermanos de las tres hermanas Roques, fundadoras del colegio, eran parte del exilio activo. Ese día Doña Lourdes nos dio otra lección de democracia. Nos dijo que no obligaría a nadie a marchar en una manifestación a favor del régimen, que aquellos que no tuvieran el deseo de hacerlo no recibirían ningún castigo y que si nadie quería presentarse a aquel desfile, sencillamente el colegio se acataría a las disposiciones del gobierno. Después de un pesado silencio, todos a una voz contestamos ¡Marchamos! Y así, a los doce años, yo también marché ante la tribuna de la dictadura.



Elena Ramirez Roques y yo, por ser las más pequeñas y porque Elena era hija de una de las Roques y había que dar el ejemplo, fuimos las encargadas de llevar el pabellón del colegio. Detrás venía el grupo de abanderados y luego el colegio en pleno con varios de los maestros. Las excepciones fueron las hermanas Roques y Don Poncio y Doña Amelia Sabater. Apoyamos plenamente esa infinitésima expresión de resistencia pasiva.



Las semanas anteriores al desfile fueron un revuelo de actividad. Había que diseñar y confeccionar un uniforme de gala. Las chicas de la secundaria, entre ellas Annie Amell y Carmen Rosa Prieto triunfaron con un diseño estilo Christian Dior de falda estrecha y chaqueta ajustada que a ellas con sus formas espigadas les quedaba de maravilla. En mí, regordeta y preadolescente, parecía un saco de papas a pesar de los esfuerzos de Mami para darle forma con pinzas, costuras y hasta una faja elástica. Qué bien recuerdo los comentarios de los espectadores: "¡Ay míralas tan chiquitas y vestidas de señoritas!" ¡Qué agentás!"



Lamentablemente las fotos de la ocasión han desaparecido.



Era un día normal como son normales la mayoría de los días en el Caribe. Cielo y mar azules. No mucho calor. Fuimos uno de los últimos colegios en desfilar, creo que El Jefe hasta ya se había ido. Los chicos habíamos hecho un pacto que al menos yo cumplí: al pasar al frente de la tarima, voltear la cara hacia el mar. Como iba delante, no sé si los demás lo hicieron. Pero yo sí puse mucha atención a las olas caribeñas en esa larga mañana de La Era.

Wednesday, July 22, 2009

EL PARQUE RAMFIS


NO PISE LA GRAMA --- NO CORTE LAS FLORES ---
CUIDE SU JARDIN

Absolutamente, damas y caballeros, niñas y niños, cuidado con cortar los cigarrones, todos del mismo color y plantados como batallones de soldados en atención con crestas rojas en los kepis. Los 'tú y yo', con sus espinas como cimitarras talibanescas nos mantenían al margen, obligándonos a pasear sólo por las calzadas impecables. Cuidado con pisar la grama mi vida, porque viene el guardia y te lleva presa. Había columpios, subibajas y montaña rusa. El estanque se había convertido en piscina donde 'nadaban' los tigueritos, pero los niños de mamá ni pensar en meter los pies. Ni mires para allá, eso está lleno de parásitos. Este balneario improvisado era una aberración pasada por alto por los guardias y vigilantes probablemente hastiados por la imposibilidad de contener a la muchachada durante la canícula. Era un parque de plano monumental y gran elegancia. En la parte posterior, un pabellón parcialmente ocupado por la escuela de ballet donde aprendí las cinco posiciones, el plié, el demi-plié y el arabesque con 'La Madame' sentada en su silla y marcando el compás con el bastón. Al lado oeste, más cerca de la Crucero Ahrens, había otro estanque pequeño y mágico donde los renacuajos se convertían en ranas ante nuestros ojos asombrados y la estatua de Baden Powell, no el jazzista brasileño sino el creador de los Boy Scouts, nos miraba con ojos que parecían decir, Se embromaron, miren en qué país les tocó nacer. Al cruzar la Crucero Ahrens, en la esquina con el malecón, el edificio del Partido Dominicano. El único partido necesario ya que las elecciones siempre las ganaba el mismo candidato o alguien designado por él. "Mis Mejores Amigos son los Hombres de Trabajo". Lema a luces de neón en la fachada. Adentro, me imagino, ya que nunca entré hasta que se convirtió en el Conservatorio de Música, después de La Era, los burócratas en su empeño de mantener a todos los dominicanos al día con su 'Palmita', que era el carnet de los miembros. Y si no tienes tu palmita vas a pasar vicisitudes para conseguir un empleito, mi hijo, así que mejor ve a inscribirte. Un parque digno de La Ciudad más Limpia de América. Un parque donde frecuentemente a primera luz del día aparecían cadáveres que nadie se atrevía a identificar. Los renacuajos, prosiguiendo con su metamórfosis milenaria, eran los únicos testigos en la noche tenebrosa de La Era.

Monday, July 20, 2009

COMO ME LO CONTARON TE LO CUENTO

Verdad o no, la historia es que un joven sentado en el Parque Colón leía El Caribe una fresca mañana caribeña. Corría el año 1958, el mundo cambiaba, se sentían corrientes políticas aciclonadas, había agitación por toda latinoamérica, barbudos en la Sierra Maestra. Y en nuestra soñolienta capital todo seguía tan superficialmente tranquilo como siempre. El joven, en su furor juvenil, exclamó, "¡Oyeme, pero este periódico no trae noticias de ná!" Para su eterno sentir sus palabras llegaron a los oídos de un guardia que hacía yuca por los frentes del cine Capitolio. Se apersonó el defensor de La Era y con un macanazo por los fundillos al aturdido jovenzuelo, lo levantó en vilo. "¿Cómo que no trae noticias de ná? Párese ahí y empiece a leer, carajo. Y Viva El Jefe!" El joven pasó el resto del día de pie ante la estatua de Colón leyendo pausadamente desde el encabezado hasta el último anuncio de "Se traspasa negocio por no poderlo atender su dueño" habiendo antes pasado por Avivato y Trucutú. ¡Oh, qué realmente gloriosa era La Era!

Thursday, July 9, 2009

EN LA TIERRA DEL YO NO SE

Rubén, Ruthie, Mercedes Carmen, Andresito, Mingo

¿Cómo te llamas? Mercedes Carmen
¿Dónde vives? En la Calle Santomé entre El Conde y la Arzobispo Nouel.
¿Cuántos años tienes? Seis
¿Cómo se llama tu abuelo? Bienvenido Lora
¿Quién viene a visitar a tu casa? Yo no sé.
¿De qué hablan en tu casa? Yo no sé.
¿Dónde van tus tías a visitar? Yo no sé
¿Quién se queda a dormir en tu casa? Yo no sé.


Era una instrucción militar la que nos habían dado a mis primos Andrés y José Domingo y a mi. Los prisioneros de guerra sólo dan su nombre, rango y número de serie. Los niños de La Era vivíamos en un bellísimo y tropical campo de concentración. Las conversaciones, mayormente susurradas, cesaban repentinamente cuando aparecía una de las trabajadoras. En esos años Doña María Trujillo tuvo la brillante idea de formar una escuela para doncellas donde se les indoctrinaba para trabajar como espías del régimen, copia fiel de los grupos formados por los Nazis en los años 30.

Era no saber sabiendo. No éramos tontos. Sentíamos que había un trasfondo de miedo cuando las tías se escondían dentro del armario para oir el radio de onda corta. Notábamos los rezongos a media voz de los mayores cuando escuchaban las alabanzas al régimen en el radio o cuando leían los insultos que aparecían en el períodico, en el odiado Foro Público. Pero aún así, lo niños de La Era no sabíamos nada aunque estuviéramos enterados de todo.

Thursday, July 2, 2009

LA CALLE DEL CONDE - PARTE I

"La Ciudad Más Limpia de América. Así se anunciaba la capital en aquellos años de La Era. Y lo era. Limpia. Tranquila. Fresca. No había necesidad de aire acondicionado. Teníamos pijamas de lanilla - las mías con bailarinas rosadas y flores azules, las de mis primos con indios y vaqueros. Aunque no lo crean, las camas tenían "frisas" en el invierno. Las doñas usaban estolas tejidas o de pieles. Mami tenía una de zorro plateado. Las niñas usábamos swetercitos de orlón con botoncitos de perlas comprados en La Opera, pero esa es otra historia. Nadie cerraba la puerta de la calle. Muchos hasta habían perdido la llave. Y cortando la ciudad de este a oeste, de norte a sur, de esperanza a frustración, ahí estaba la Calle del Conde. Donde las chicas iban a pasear para que las admiraran los jóvenes sentados en los cafés o parados en las esquinas. Los piropos, las sonrisas. Mis tías y sus amigas, estudiantes universitarias, con sus faldas de mil varas y sus crinolinas almidonadas que susurraban suave y seductoramente con cada paso que daban.
Cuidado con correr. El guardia te está mirando. Cuidado con hablar alto. El guardia te está mirando. Joven, por favor, póngase el saco, no lo lleve doblado sobre el brazo, el guardia lo está mirando y puede pensar que está usted escondiendo un arma. No diga que yo se lo dije, pero aquí los jóvenes desaparecen.

A las cinco de la tarde, toque de corneta desde el Baluarte. Los transeúntes se detienen, los señores se quitan el sombrero, las damas ponen la mano en el pecho. El tráfico de dos vías para. Se arría la bandera. Toque de corneta. Proseguimos nuestra caminata. Cada día igual. A la glorieta del Parque Independencia a jugar "una candelita/a la otra esquinita". Del Parque Independencia al Parque Colón. Un ice-cream soda en la barra de La Opera. Cada tarde, cada anochecer, igual. Sonrisas y murmullos de juventud. Yo niña, viendo las vitrinas, queriéndolo todo. Los grandes entrando al cine. La Ciudad Más Limpia de América anestesiada en su letargo extenso del que saldría algún día para convertirse en lo que es hoy. ¿Y qué es hoy? Lo que quieras, pero definitivamente limpia o tranquila, no.


Saturday, June 27, 2009

EL AGUA LUZ

Sin lugar a dudas imponente. Espectáculos al estilo de Las Vegas o La Habana en aquel entonces algo inusitado. Los comentarios de los adultos eran muchos y variados, desde la belleza de las fuentes hasta la desnudez de las artistas y lo caro del servicio. La carterita de noche de Mami venía llena de las sombrillitas chinas que adornaban los cocteles. Mi regalo por portarme bien. Con esos parasoles caminaban mis muñecas de papel - ¡oh, mis queridas mariquitas! - en sus desfiles de modas. Más adelante, después de La Era, se hicieron varios espectáculos a los que llegué a asistir y sí, en verdad, las fuentes eran sensacionales. Luego llegaron las grietas, los sistemas que se oxidaban, la falta de mantenimiento ya fuera por poco deseo o por pocos recursos o porque lo que había se lo embolsillaba alguno. Quién sabe. Además, como comentó una de las tías, ¿un teatro de agua y luz en un país donde no hay ni agua ni luz?

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INVITACION AL RECUERDO

Los dominicanos que nacimos entre 1930 y 1961 nacimos en La Era. Los que nacimos en La Era aprendimos desde la cuna a hablar poco y callar todo. Los que nacimos en La Era sabíamos por ósmosis que vivíamos en el terror. Lo sabíamos aunque nadie nos lo explicara. Los que nacimos en La Era recordamos tiempos tan apacibles que tenían que ser un mito. Y así era. Debajo de esa engañosa tranquilidad había un tumulto de horrores y temor que lo empañaba todo. Y aún así vivimos una niñez dorada... ESTE ES EL SITIO PARA RECORDAR...

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