Un sábado cualquiera. Poco tiempo después de mudarnos a Gazcue, suena el timbre de la puerta. "Doña, la buscan". Acompañada de dos guardias entra una mujercita cuya mejor descripción sería la de gallina semidesplumada. Sandalias de tacón, canillas, arrugas, peluza rizada y teñida de un color rucio que le haría competencia a la arena de mi playa favorita en Puerto Plata. La "dama" explica con mucho gesto que viene a llevarse las lámparas porque son de ella.
--¿Las lámparas? ¿Las de mi sala y mi comedor?
--Sí, esas mismas, son mías, que me las regalaron los que vivían aquí anteriormente.
--Pues pase y lléveselas.
Los guardias se encaraman en sillas -ni ocurrírseles traer escalera- y desmontan las dos lámparas colgantes. Como despedida, la mujercita señala:
--Aquí falta el retrato del Jefe.
Al caer la tarde vuelve Papy. Mamy le cuenta lo sucedido.
--No te preocupes, ahora vamos a la Curacao y compramos otras.
--Sí, responde ella, pero no muy caras, por si vuelve. Oh, y también un retrato del hombre.
Un sábado cualquiera durante La Era.
p.d. La mujercita era Nieves Luisa - hermana del "Jefe".
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Tuesday, June 19, 2012
Tuesday, September 1, 2009
MI PRIMAVERA

La Primavera es parte del Gazcue romántico. Va desde más o menos la Pasteur hasta la Socorro Sánchez y desde la Bolívar hasta la Independencia. En aquellos años era un sector tranquilo, arbolado, de casonas estilo español con patios de azulejos y fuentes, otras de estilo art deco con líneas modernistas y salones relucientes de mármol y caoba, y edificios de apartamentos de varios pisos. Mi niñez y adolescencia estuvieron circunscritas por poetas y literatos, desde mi calle, la José Joaquín Perez, pasando por la Hermanos Deligne, la Cervantes y la Josefa Perdomo. Para una niña cuyo interés principal era la lectura y prefería pasarse las vacaciones con Julio Verne y Alejandro Dumas a patinar o jugar volibol, estaba perfectamente situada en mi mundo de ideas y palabras. Don Max Henríquez Ureña y Doña Flérida Nolasco no eran nombres en un libro de texto; eran personas cariñosas que se interesaban en mis conversaciones y contestaban a mis preguntas con respuestas fascinantes. A una cuadra, en la esquina con Santiago, en la casona de los Carbuccia que es ahora una universidad, vivía la Srita. Estervina Matos en su salón abarrotado de libros y retratos enmarcados de personajes de letras de su generación que era para mí como entrar en la cueva de Alí Babá. A los doce años de edad a nadie le gusta que le apoden "Tesorito". Así me llamaba ella ocasionándome un malestar indescriptible. Ahora la recuerdo con gran cariño y cómo me gustaría poder escuchar sus aladas explicaciones literarias una vez más.
En la esquina opuesta a mi casa estaba la moderna Clínica Faxas, rodeada de jardines y pinos. En este sector, donde la vegetación y la paz eran parte de nuestro diario vivir, donde en las mañanas el canto de las aves se entretejía con las llamadas de las marchantas, la Clínica Faxas se convirtió para mí en un punto focal de los hechos aborrecibles de la dictadura. Cuando se denunció al joven Pipe Faxas como dirigente del Movimiento 14 de Junio a la clínica se presentaron los odiados y temidos agentes del Servicio de Inteligencia Militar. No sé exactamente qué sucedió pero la clínica ya no volvió a serlo. Habían agentes sentados a la entrada y vigilantes por el entorno. Los vecinos pasaban y susurraban sobre los acontecimientos. El temor era palpable. Esa fue la primera vez que observé los estragos de La Era tan de cerca.
Ese día Mi Primavera perdió parte de su belleza y brillantez. Lo que nadie podía imaginarse entonces es que también ese día se había dado otro paso en el descenso de La Era hacia su sangriento final.
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INVITACION AL RECUERDO
Los dominicanos que nacimos entre 1930 y 1961 nacimos en La Era. Los que nacimos en La Era aprendimos desde la cuna a hablar poco y callar todo. Los que nacimos en La Era sabíamos por ósmosis que vivíamos en el terror. Lo sabíamos aunque nadie nos lo explicara. Los que nacimos en La Era recordamos tiempos tan apacibles que tenían que ser un mito. Y así era. Debajo de esa engañosa tranquilidad había un tumulto de horrores y temor que lo empañaba todo. Y aún así vivimos una niñez dorada... ESTE ES EL SITIO PARA RECORDAR...
