Wednesday, May 18, 2011

Minetta




"Soy de La Era y con orgullo, tocada muy de cerca... quizás eso me enseñó a ser como soy. Una Era con un padre exilado durante catorce años pero con una madre que supo jugar los dos papeles durante toda mi vida. Nos enseñó a ser fuertes, no temerle a nada, ¡pero con MUCHA PRUDENCIA! Ese era el quid del asunto, saber CALLAR cuando había que hacerlo... Mucha tensión, pero consciente siempre y ALERTA toda la vida".


En la foto: Minetta Roques, Cristina Veras,

Alexandra Saleta, Myrna De Frías


¿Qué se puede añadir a tan contundente testimonio? Muchas como yo vivimos esos duros tiempos rodeadas de nuestros seres queridos. Otras como Minetta crecieron sin ver a sus papás y sin saber si llegaría el día en que pudieran reunirse de nuevo. Recuerdo muy bien a Doña Toñita, siempre ocupada, enseñando en la primaria y cosiendo los bellos vestidos que lucían Minetta y sus hermanas mayores. Las tres como princesas. El dolor de la separación quedaba escondido detrás de las puertas cerradas y las sonrisas animosas se mostraban al mundo porque de ninguna manera se podía dar a entender a aquellos monstruos que hacían mella en el espíritu de sus inocentes víctimas.

Monday, May 16, 2011

CIGARRONES



Un siquiatra podría encontrar otra razón, pero si me autoanalizo creo que mi desdeño hacia los cigarrones empezó muy temprano. Aquellos parques inmaculados de La Era, plantados en filas estrictas de ásperos y erectos soldados uniformados de un verde claro con enarbolados penachos rojos o amarillos como kepís napoleónicos. Aquella rigidez en el diseño paisajista reflejaba la misma rigidez del medio ambiente que habitábamos. Al pie de estos batallones vegetales, las flores azul cielo de la Isabel Segunda proporcionaban un respiro pasajero, como para evitar que fuéramos todos de golpe a parar al manicomio. El efecto principal, el mensaje sin palabras siempre era el mismo: severidad, inflexibilidad, conformismo. "¡Anden derecho, carajo, que aquí el que manda soy yo!"

Thursday, October 14, 2010

PENSANDOLO BIEN

La razón es obvia, al menos para mí. Un año sin escribir. Amistades pidiéndome que vuelva a mis recuerdos. La cabeza llena de ideas y memorias. Y sin embargo nada. No soy la única que al sentarse a analizar el pasado siente que es abrumador, que no hay manera de hacerlo fácil de entender. Mis recuerdos son míos y solamente míos. Hasta los que estaban a mi alrededor durante un suceso lo recordarán de manera diferente o lo habrán olvidado al extremo de insistir que nunca sucedió. Y a veces esos recuerdos duelen.

Monday, September 14, 2009

Y YO TAMBIEN DESFILE




La noticia nos dejó consternados: Si no desfilábamos, el gobierno cerraría el colegio. Nuestra directora, Doña Lourdes Roques de Santoni, entró al aula del octavo y con manos temblorosas leyó la orden enviada por la Secretaría de Educación. El Colegio Santa Teresita era un bastión del antitrujillismo, los hermanos de las tres hermanas Roques, fundadoras del colegio, eran parte del exilio activo. Ese día Doña Lourdes nos dio otra lección de democracia. Nos dijo que no obligaría a nadie a marchar en una manifestación a favor del régimen, que aquellos que no tuvieran el deseo de hacerlo no recibirían ningún castigo y que si nadie quería presentarse a aquel desfile, sencillamente el colegio se acataría a las disposiciones del gobierno. Después de un pesado silencio, todos a una voz contestamos ¡Marchamos! Y así, a los doce años, yo también marché ante la tribuna de la dictadura.



Elena Ramirez Roques y yo, por ser las más pequeñas y porque Elena era hija de una de las Roques y había que dar el ejemplo, fuimos las encargadas de llevar el pabellón del colegio. Detrás venía el grupo de abanderados y luego el colegio en pleno con varios de los maestros. Las excepciones fueron las hermanas Roques y Don Poncio y Doña Amelia Sabater. Apoyamos plenamente esa infinitésima expresión de resistencia pasiva.



Las semanas anteriores al desfile fueron un revuelo de actividad. Había que diseñar y confeccionar un uniforme de gala. Las chicas de la secundaria, entre ellas Annie Amell y Carmen Rosa Prieto triunfaron con un diseño estilo Christian Dior de falda estrecha y chaqueta ajustada que a ellas con sus formas espigadas les quedaba de maravilla. En mí, regordeta y preadolescente, parecía un saco de papas a pesar de los esfuerzos de Mami para darle forma con pinzas, costuras y hasta una faja elástica. Qué bien recuerdo los comentarios de los espectadores: "¡Ay míralas tan chiquitas y vestidas de señoritas!" ¡Qué agentás!"



Lamentablemente las fotos de la ocasión han desaparecido.



Era un día normal como son normales la mayoría de los días en el Caribe. Cielo y mar azules. No mucho calor. Fuimos uno de los últimos colegios en desfilar, creo que El Jefe hasta ya se había ido. Los chicos habíamos hecho un pacto que al menos yo cumplí: al pasar al frente de la tarima, voltear la cara hacia el mar. Como iba delante, no sé si los demás lo hicieron. Pero yo sí puse mucha atención a las olas caribeñas en esa larga mañana de La Era.

Tuesday, September 1, 2009

MI PRIMAVERA


La Primavera es parte del Gazcue romántico. Va desde más o menos la Pasteur hasta la Socorro Sánchez y desde la Bolívar hasta la Independencia. En aquellos años era un sector tranquilo, arbolado, de casonas estilo español con patios de azulejos y fuentes, otras de estilo art deco con líneas modernistas y salones relucientes de mármol y caoba, y edificios de apartamentos de varios pisos. Mi niñez y adolescencia estuvieron circunscritas por poetas y literatos, desde mi calle, la José Joaquín Perez, pasando por la Hermanos Deligne, la Cervantes y la Josefa Perdomo. Para una niña cuyo interés principal era la lectura y prefería pasarse las vacaciones con Julio Verne y Alejandro Dumas a patinar o jugar volibol, estaba perfectamente situada en mi mundo de ideas y palabras. Don Max Henríquez Ureña y Doña Flérida Nolasco no eran nombres en un libro de texto; eran personas cariñosas que se interesaban en mis conversaciones y contestaban a mis preguntas con respuestas fascinantes. A una cuadra, en la esquina con Santiago, en la casona de los Carbuccia que es ahora una universidad, vivía la Srita. Estervina Matos en su salón abarrotado de libros y retratos enmarcados de personajes de letras de su generación que era para mí como entrar en la cueva de Alí Babá. A los doce años de edad a nadie le gusta que le apoden "Tesorito". Así me llamaba ella ocasionándome un malestar indescriptible. Ahora la recuerdo con gran cariño y cómo me gustaría poder escuchar sus aladas explicaciones literarias una vez más.
En la esquina opuesta a mi casa estaba la moderna Clínica Faxas, rodeada de jardines y pinos. En este sector, donde la vegetación y la paz eran parte de nuestro diario vivir, donde en las mañanas el canto de las aves se entretejía con las llamadas de las marchantas, la Clínica Faxas se convirtió para mí en un punto focal de los hechos aborrecibles de la dictadura. Cuando se denunció al joven Pipe Faxas como dirigente del Movimiento 14 de Junio a la clínica se presentaron los odiados y temidos agentes del Servicio de Inteligencia Militar. No sé exactamente qué sucedió pero la clínica ya no volvió a serlo. Habían agentes sentados a la entrada y vigilantes por el entorno. Los vecinos pasaban y susurraban sobre los acontecimientos. El temor era palpable. Esa fue la primera vez que observé los estragos de La Era tan de cerca.
Ese día Mi Primavera perdió parte de su belleza y brillantez. Lo que nadie podía imaginarse entonces es que también ese día se había dado otro paso en el descenso de La Era hacia su sangriento final.

Thursday, August 13, 2009

DESAPARECIENDO


En mi niñez sucedían cosas extrañas. De repente se perdía de vista algún conocido, algún amigo no respondía una carta, alguna joven estudiante venía a visitar y susurrando se despedía por última vez. No se volvía a saber de ellos. Un día estaban ahí, jóvenes y llenos de vida, estudiando o trabajando con afán y al otro se esfumaban sin dejar rastro. Sin anuncios en los periódicos, sin férretro, sin flores, sin velorio ni funeral. La noticia iba de boca en boca entre gestos y palabras en clave. De repente los buenos amigos dejaban de visitar la casa del desaparecido. Alguien podría estar acechando. Los nombres no se volvían a mencionar. Alguien podría estar escuchando. Los padres sellaban su labios con gesto férreo y aparentaban que todo seguía igual. La mayoría de los desaparecidos eran hombres jóvenes, pero también las muchachas desaparecían sin dejar trazas. Los padres bien sabían que no debían dar parte a las autoridades. A veces, por vías inimaginables se enteraban que su hijo o hija había pedido asilo en una embajada y ahora estaba en Argentina o Venezuela en un exilio que podría durar el resto de sus días. Esos eran los que habían tenido suerte. Hasta los que oían que sus hijos estaban presos tenían un hálito de esperanza. Los demás pasaban una eternidad en ese limbo de pensamientos horripilantes donde el misterio hace que la realidad se vea aún más pavorosa.

La flor de nuestra juventud, decía mi abuela Carmelita. Y eran flores. Así los recuerdo, con sus guayaberas impecables y sus faldas de mil varas. Estos eran los jóvenes que soñaban con tiempos mejores, con la libertad para hacer o decir lo que quisieran. Y lo que encontraron fue una fría celda, una tumba a destiempo y la más aterradora de todas las pesadillas, un viaje hasta el cielo, un empujón al vacío, una caída al mar y esperándolos los tiburones mejor alimentados del mundo.

¿Cómo sobrevivieron tantas familias este infierno en vida? La fé, me imagino sería un recurso bendito. Los sueños de venganza podrían dar algún consuelo. Hubo aquellos que, volando cerca de la llama del poder, chamuscaron sus alas y se retiraron a planear conspiraciones que nunca vieron la luz del día. Hubo familias enteras que desaparecieron, donde no quedó una sola alma para contar su historia. Y hoy que se puede contar, ¿quién se acuerda? ¿A quién le interesa? ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

Thursday, August 6, 2009

1952


" Todos los tiranos se abrazan como hermanos
Exhibiendo a las gentes sus calvas indecentes."
Ana Belén



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INVITACION AL RECUERDO

Los dominicanos que nacimos entre 1930 y 1961 nacimos en La Era. Los que nacimos en La Era aprendimos desde la cuna a hablar poco y callar todo. Los que nacimos en La Era sabíamos por ósmosis que vivíamos en el terror. Lo sabíamos aunque nadie nos lo explicara. Los que nacimos en La Era recordamos tiempos tan apacibles que tenían que ser un mito. Y así era. Debajo de esa engañosa tranquilidad había un tumulto de horrores y temor que lo empañaba todo. Y aún así vivimos una niñez dorada... ESTE ES EL SITIO PARA RECORDAR...

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